
Este proyecto parte de la idea de hacer una reflexión sobre los medios gráficos en si mismos, sobre la manera como estos medios evolucionan y cambian el modo como se distribuye la información. Inicialmente pensé hacer una serie de recolecciones de material de deshecho en imprentas, haciendo uso del papel ya utilizado y creando con este nuevos impresos.
Desde el comienzo el proyecto Trasmisiones planteó la posibilidad a los artistas participantes que trabajaran en una pequeña imprenta llamada Relámpago en el centro de Bogotá, donde todavía hoy, trabajan usando tipos móviles para construir las planchas de sus carteles. Mis primeras visitas las hice a este lugar, sin embargo el material de deshecho que salía de este taller era bastante reducido, debido a los cortos y cada vez más escasos tirajes que allá se llevaban a cabo. Durante mucho tiempo estuve visitando imprentas en Bogotá, sin encontrar un material que me atrajera lo suficiente. Solo meses después, en la ciudad de Cali, tuve la oportunidad de conocer La linterna, imprenta que desde hace muchos años hace carteles urbanos usando también tipos hechos a mano. Este lugar me sorprendió enormemente, pues encontré allí, un taller de grabado vivo, donde sus mismos trabajadores tallan en madera y linóleo los tipos, las ilustraciones o los logotipos de los afiches que imprimen. A pesar de lo tremendamente manual e incluso obsoleto del procedimiento, la producción gráfica de La linterna ocupa gran cantidad de los muros de las calles, no solo de Cali si no de otras ciudades del país.
Me llamó la atención que algunos de los afiches dañados que sobraban los usaban para limpiar la maquina, sobreimprimiendo varias veces sobre el mismo papel y generando una sobreposición de textos que hacían ilegible cualquier mensaje. A partir de ahí, desde La Linterna me mandaban los afiches que recolectaban. Fue interesante que debido a la distancia, no tenía la oportunidad de escoger el material, y los afiches que me enviaban constituían para mi una sorpresa.



Al comienzo los pegué en las calles de Bogotá, haciendo unos murales con estos carteles ilegibles y absurdos. La forma como rápidamente se desvanece el significado de estos mensajes, papeles que se arrancan y se tapan a una velocidad exagerada, era un aspecto que ya me había interesado en el proyecto “Prohibido fijar avisos” que realizamos con el Colectivo Tangrama entre los años 2003 y 2006. La saturación de estos elementos gráficos que hoy por hoy abundan en Bogotá, el ruido visual que generan en su afán de ser cada vez mas vistos, fueron aspectos que me motivaron a hacer estas intervenciones.



Paralelamente a esta experiencia sentí la necesidad de cambiar de contexto los afiches que me enviaban, quería también evitar el destino efímero al que estaban destinados, y tuve el impulso de hacer algo para preservarlos, que no se perdieran en las innumerables capas de afiches que se pegan, se superponen y se arrancan en las calles. Fue así como empecé a elaborar una serie de libros, en donde las páginas están hechas con los carteles, los fragmentos superpuestos generan diferentes juegos gráficos, ciertos accidentes de la tinta y el papel, que en la calle resultan irrelevantes, en el formato del libro saltan a la vista.



Otros Afiches han sido repartidos a distintas personas, la recolección y difusión de este proyecto ha sido especialmente lenta debido a la naturaleza misma de los impresos. Espero que a medida que me sigan enviando carteles de Cali, nuevas cosas sigan sucediendo con ellos…
Margarita García