A mediados del siglo XX muchas emisoras de provincia se llamaban “Ondas: “Ondas del Tolima”, “Ondas del Combeima”. Los avisos de las “ondas” se ilustraban con círculos concéntricos que partían de una antena. Las ondas eran alegres y se esparcían por las regiones. Los círculos concéntricos siempre remiten a un contínuum.
La imagen que se pretende trabajar en este proyecto tiene que ver con un contínuum pero de manera inversa a las ondas. Si las ondas radiales se difundían, estas convergen. En el decenio de 1940 había en Bogotá una bebida, una gaseosa, que tenía pintada en el sello una botella igual a la del envase. La botella del sello también tenía una botella y así supuestamente hasta el infinito.
Este proyecto pretende por medio de la irradiación y la convergencia aproximarse a la tragedia actual colombiana. La irradiación se logrará por medio de un grabado difundido en una publicación periódica que abarque gran parte del país. La convergencia se obtiene por medio de la imagen que se concentra por la repetición del tema.
El tema es la historia de Yolanda Izquierdo, una líder campesina de 43 años que fue asesinada a las dos de la tarde del 31 de enero de este año. Yolanda vivía en el Lote 2 de Rancho Grande (1), un barrio popular de Montería. “En los últimos meses lideró la restitución de miles de hectáreas de la finca Las Tangas para 863 familias. También colaboraba con organizaciones de familiares desaparecidos”(2). Una orden de los de arriba despojó a los campesinos de las tierras que les fueron otorgadas en una supuesta reforma agraria planeada en 1991 por la cúpula del paramilitarismo.
“Ondas de Mi Rancho Grande” es un proyecto de estrategia de memoria. Los procesos de duelo entre ellos, los ritos y las notas periodísticas, irradian ondas como si se tratara de una historia circular. El arte debe concentrar las ondas y a la vez difundirlas para que los testimonios no queden en el vacío. La imagen que se utiliza para esta obra es la fotografía tomada por el periodista Álvaro Sierra donde Yolanda Izquierdo muestra orgullosa los planos de la tierra prometida que piensa recuperar.
1. En una nota de El Tiempo llaman al barrio “Mi ranchito”.
2. Semana, febrero 5 de 2007. p.34.